Escuchar la frase : Desde que el sexo se volvió fácil el amor se torno complicado, nos hace reflexionar sobre como han cambiado las relaciones amorosas o sexuales las últimas décadas.
Hace 20 años no era tan normal tener “amigos con derecho a roce”, sin embargo, hoy en día es una opción cada vez más habitual, respetable y aceptable.
Quizás la causa la determine esa frase, la liberación sexual ha hecho que no sea nada complicado llegar a tener relaciones íntimas entre dos adultos libres, entre los cuales no debe existir necesariamente sentimientos de amor.
Estas relaciones pueden ser uniones perfectas donde se junta, una relación de amistad y deseo satisfecho con el disfrute del sexo sin ningún tipo de obligaciones o restricciones. Pero por otro lado, puede llegar a ser tormentosa si uno de los dos comienza a sentirse mucho más atraído que el otro o se enamora.
Cuando comenzamos este tipo de affaire no podemos aventurar como acabará y no sabemos si seremos capaces de evitar enamorarnos, ya que, normalmente las personas van por la vida deseando sentir cosas y que sus experiencias les llenen de una forma plena, por mucho que queramos racionalizar la relación y aceptemos “lo que hay”.
Es posible que, si la relación se prolonga bastante, algo de esto ocurra, como suele decirse “El roce hace el cariño”. Si ocurre por ambas partes seria idóneo, aunque “la nueva pareja” debería acostumbrarse a otro tipo de relación y “normas” a las cuales no están habituados, por lo tanto es un paso delicado, al que deberían poner mucha atención y cuidado.
Sin embargo, no siempre las relaciones son perfectas y equilibradas, puede que uno de los dos se enamore y quiera dar un paso más, y no le ocurra de la misma manera al otro. Aquí es donde empieza el conflicto; el que se enamora quizás no es del todo consciente de ello y por ello, no reclama, poco a poco, la situación se va transformado en un amor no correspondido y las ventajas iniciales se van evaporando.
Para que esto no ocurra podemos:
Mantener cierta distancia: Establecer distancias emocionales puede ser la clave para no enamorarse, pero resta, como decíamos antes, intensidad y diversión a la relación.
Observar cuidadosamente: Con esto nos referimos a que debemos analizar las acciones del otro, no se trata de desconfiar sino de no creernos todo. Por ejemplo que nos digan “te amo” el segundo día de conocernos.
Saber lo que queremos: Muchas veces estas relaciones pueden hacernos sentir “vacíos” cuando esperamos algo más, por lo tanto debemos sentirnos preparados para llevarlo de manera liberal sin importarnos. Los prejuicios y valores morales juegan un papel importante en este caso.
Dejar claro lo que hay: Hablando de forma clara en todo momento, si en este encuentro de propuestas la otra persona no coincide con nuestros propósitos es mejor retirarse.
No aventurar el futuro: No debemos empezar estas relaciones imaginando que la otra persona se terminará enamorando, ya que, es posible que esto no ocurra, esas expectativas nos harán caer en nuestra propia trampa.
Entregarse con sinceridad: Ser honestos, ofrecer solo lo que se tiene para dar es mejor que levantar nuestro ego haciendo todo lo posible para agradar al otro y dando una imagen de nosotros mismos que no corresponde con la realidad.